Alguna vez te sentiste menos después de scrollear Instagram por diez minutos?

No estás sola. Es esa sensación de «por qué mi vida, mi pelo o mi cuerpo no se ven así». Hoy quería escribir sobre algo que veo mucho en mi trabajo como fotógrafa, pero que nos atraviesa a todas: la autoestima en tiempos de redes.

La autoestima no es algo con lo que nacemos, se va armando con el tiempo, como un rompecabezas. Se forma desde que somos chicas, con lo que nos dicen, lo que nos dejan hacer y cómo nos sentimos frente al espejo. Es el valor que nos damos a nosotras mismas, más allá de lo que digan los demás.

Acá es donde entra el entorno. Si estamos rodeadas de gente que solo mira la superficie o que nos critica, nuestro «rompecabezas» se arma con piezas que no nos pertenecen. Es como tratar de construir una casa sobre arena: en cuanto viene una ola, todo se desestabiliza.

Y bueno, las redes sociales son esa ola constante. El problema no es la red en sí, sino que la usamos como un espejo deformante. Estamos viendo el «detrás de escena» de nuestra vida real comparado con el «trailer editado» de la vida de las otras. Obviamente, salimos perdiendo. Vemos cuerpos retocados, momentos perfectos y filtros que ocultan la realidad, y terminamos sintiendo que no alcanzamos ese estándar. La comparación es el ladrón de la alegría, y en las redes, ese ladrón trabaja 24/7.

Pero acá viene la parte linda. A veces, necesitamos un cambio de mirada para romper ese ciclo.

Como fotógrafa, veo a diario el impacto positivo de una sesión de fotos. Cuando una mujer se pone frente a mi lente, al principio hay dudas, hay inseguridad, está ese pensamiento de «¿y si no me veo bien?». Pero a medida que avanzamos, algo cambia. Una sesión profesional no es solo «sacar fotos», es un espacio donde te ves a través de ojos que no buscan juzgarte, sino resaltar lo que ya sos. Es verse desde otro lugar, uno donde tus imperfecciones son parte de tu historia y no algo a esconder.

Y cuando a ese proceso le sumamos el acompañamiento de un profesional de la salud mental, el impacto es mucho más profundo. Por ejemplo con Psicopartner. La fotografía te ayuda a ver tu belleza exterior, pero la psicología te ayuda a abrazar tu mundo interior. Es un equipo imbatible: trabajamos la imagen que ves afuera mientras sanás lo que sentís adentro.

Hacerte una sesión de fotos no es vanidad, es un acto de amor propio. Es decirte: «Valgo la pena, merezco verme bien y merezco sentirme bien». Si te sentís cansada de compararte, probá cambiar el foco. Empezá a mirarte con más ternura, porque la mejor versión de vos misma no es la que se parece a un filtro de Instagram, sino la que se siente real, humana y, sobre todo, tuya.

Si sentís que es hora de reconectar con vos, te invito a que lo hagamos juntas. No necesitás ser modelo, solo necesitás ser vos.

Y si además sentís que necesitás un empujoncito extra para trabajar en tu autoestima, te animo a buscar a ese profesional de la salud que te acompañe en el proceso.

Es la mejor inversión que podés hacer en tu propia vida.